Cada vez que te acerques a un caserío, comprobarás que la puerta principal está engalanada con una Eguzkilore, “flor del Sol” , que, según la mitología vasca, era utilizada por los baserritarras para ahuyentar a los malos espíritus que abundaban en la oscuridad de la noche.

eguzkilore de Óscar PeñaSe colocaban en las puertas de los caseríos o encima de ellas para proteger la casa: si algún espíritu maligno pretendía entrar en la casa y encontraba una, tenía que pararse para contar los numerosísimos pelos o brácteas de la inflorescencia y el día le sorprendía sin haber terminado su tarea. (Carlina acaulis, CC BY Wikipedia)

«Hace miles y miles de años, cuando los hombres empezaban a poblar la Tierra, no existían ni el Sol ni la Luna y los hombres vivían en constante oscuridad, asustados por los numerosos genios que salían de las entrañas de la tierra en forma de toros de fuego, caballos voladores enormes dragones, ...

Los hombres, desesperados, decidieron pedir ayuda a la Tierra.

-Amalur (Madre Tierra) -le rogaron-, te pedimos que nos protejas de los peligros que nos acechan constantemente.

La tierra estaba muy atareada y no hizo caso a los hombres, pero estos, tanto y tanto insistieron, que al final los atendió:

-Hijos míos, me pedís que os ayude y eso voy a hacer. Crearé un ser luminoso al que llamaréis Luna.

Y la Tierra creó la Luna. Al comienzo, los hombres se asustaron mucho y permanecieron en sus cuevas sin atreverse a salir, pero, poco a poco, fueron acostumbrándose. Al igual que los hombres, los genios y las brujas también se habían atemorizado al ver aquel objeto luminoso en el cielo pero también se acostumbraron y no tardaron en salir de sus simas y a acosar de nuevo a los humanos.

Acudieron una vez más los hombres a la Tierra.

-Amalur -le dijeron-,  te estamos muy agradecidos porque nos has regalado a la Madre Luna pero aún necesitamos algo más poderoso puesto que los genios no dejan de perseguirnos.

-De acuerdo, crearé un ser todavía más luminoso al que llamaréis Sol. El Sol será el día y la Luna la noche.

Y la Tierra creó al Sol. Era tan grande, luminoso y caliente que los hombres tuvieron que ir acostumbrándose poco a poco, pero su gozo fue muy grande porque, gracias al calor y a la luz del Sol, crecieron las plantas de vivos colores y los árboles frutales. Y, lo que es aún más importante, los genios y las brujas no pudieron acostumbrarse a la gran claridad del día y desde entonces sólo pudieron salir de noche. Otra vez fueron los hombres a ver a la Tierra.

-Amalur -le dijeron-, te estamos muy agradecidos porque nos has regalado la Madre Luna y la Madre Sol, pero necesitamos aún algo más porque aunque durante el día no tenemos problemas, al llegar la noche los genios salen de sus simas y nos acosan.

Nuevamente, la Tierra les dijo:

-Está bien. Voy a ayudaros una vez más. Crearé para vosotros una flor tan hermosa que al verla, los seres de la noche creerán que es el propio Sol.

Y la Tierra creó la flor Eguzkilore (flor del Sol) que hasta nuestros días defiende nuestras casas de los malos espíritus, brujos, lamias, genios de la enfermedad, la tempestad y el rayo.»

(Mitología Vasca- Eguzkilore, CC BY-ND Itsas)

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